jueves, 26 de noviembre de 2009

"EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA", PELÍCULA DE KEN LOACH PREMIADA CON PALMA DE ORO DE CANNES 2006

Título original: The wind that shakes the barley
Dirección: Ken Loach.
Países: Irlanda, Reino Unido, Alemania, Italia y España.
Año: 2006.
Duración: 124 min.
Género: Drama.
Interpretación: Cillian Murphy (Damien), Pádraic Delaney (Teddy), Liam Cunningham (Dan), Orla Fitzgerald (Sinead), Mary O'Riordan (Peggy), Mary Murphy (Bernadette), Roger Allam (Sir John Hamilton), Laurence Barry (Micheail), Damien Kearney (Finbar), Frank Bourke (Leo), Myles Horgan (Rory), Martin Lucey (Congo).
Guión: Paul Laverty.
Producción: Rebecca O'Brien.
Música: George Fenton.
Fotografía: Barry Ackroyd.

Sinopsis:
Irlanda, 1920. Unos campesinos se unen para formar un ejército de guerrilleros voluntarios y enfrentarse a los despiadados Black and Tans (Negro y Caqui, por el color de sus uniformes), tropas británicas que habían sido enviadas para sofocar las aspiraciones independentistas de Irlanda. Llevado por un profundo sentido del deber y por el amor hacia su país, Damien (Cillian Murphy) abandona su prometedora carrera de médico y se reúne con su hermano, Teddy (Padraic Delaney), en una peligrosa y violenta lucha por la libertad. Cuando la lucha de los insurgentes lleva a los británicos a un punto crítico, las dos partes firman un tratado para poner fin al derramamiento de sangre. Pero, a pesar de la aparente victoria, estalla la guerra civil, y las familias que habían estado luchando hombro con hombro se ven desgarradas, y sus miembros convertidos en enemigos.


Crítica

La polémica actua como fiel compañera desde que Ken Loach comenzara su andadura cinematográfica a finales de los años sesenta. Es algo que dice mucho de este gran cineasta nacido en Inglaterra dejando demostrada la sana coherencia con la que ha sabido llevar su trayectoria. Con Agenda oculta ya acapararó la atención de la crítica especializada con un tema que tocaba sensibilidades en su país, retomando el terrorismo de Estado y reabriendo con ello viejas heridas no del todo cicatrizadas. El reputado director se mueve como pez en el agua en ambientes de lo más combativos, ya sea en el seno de la figura proletaria de la era Thatcher como ya reflejó en Riff-raff, Ladybird, Ladybird o Mi nombre es Joe, con su compañero de fatigas y guionista Paul Laverty, o por medio de la lucha armada como en Tierra y libertad, con la Guerra Civil Española como telón de fondo. Su amplia carrera es sin duda el fiel reflejo de sus inquietudes artísticas, algo que lo destaca como sobresaliente narrador de historias.

Esta producción presenta una Palma de Oro de Cannes, hecho que no ha debido producir demasiadas simpatías en sus colegas ingleses. El motivo de tal desazón lo encontramos en el tratamiento que Loach ha hecho del conflicto que generó la formación del ejército del IRA, un puñado de guerrilleros voluntarios enfrentados a las tropas británicas que tenían atemorizadas a las gentes de Irlanda dadas sus aspiraciones independentistas. Este momento histórico toma forma en la vida de dos hermanos (brillantes Cillian Murphy visto en La joven de la perla y nominado al globo de oro por Desayuno en Plutón, y Padraic Delaney) que toman partido de manera diferente.

Más allá del interés político que el filme puede suscitar, El viento que agita la cebada duele en lo más profundo del alma, convirtiéndose en testimonio estremecedor casi insoportable de lo acaecido en Irlanda del Norte el pasado siglo. Ken Loach no escatima esfuerzos para detallar el sufrimiento de todo un pueblo, explicando la postura armada como un medio para buscar una verdadera democracia. El filme discurre por terrenos arduos, díficiles de digerir como en las escenas de tortura o traición, o ese final que nos deja sin aliento, siendo el espectador testigo de la lucha encarnizada por liberar a un país del poder opresor, anteponiendo con ello unos ideales a la propia vida. Filme bello hasta el dolor, ofrece a los incondicionales de Ken Loach otra razón para seguir fieles a su vena contestataria con la que acomete sus mejores obras.

Fuente: Inma Valls



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